Cuando crecí me di cuenta de lo importante que era la vida
y de lo mucho que yo podría llegar a hacer.
Al principio sentí temor y debo confesarlo,
mi incapacidad de entendimiento y raciocinio limitaba el actuar pleno de mi ser.
Quise ser grande como las personas que había a mi alrededor.
Como aquella persona que viaja como si fuera lo más sencillo.
Como aquella persona que hacía reír y se creía feliz.
O aquella otra que pretende conseguir sus objetivos a costa de lo que sea
y simplemente dejarme llevar por las cosas lindas y vanas de la vida.
Pero, me topé nuevamente con mi incapacidad de cambio,
de no poder alzar el vuelo, de no dejarme llevar,
o provocar la risa ingenua a las personas que me rodean.
Fue entonces, que me di cuenta que yo no era la del problema,
de hecho no había problema, era sólo una máscara de grupo
que yo, ajena a ella, me permitía ser simplemente una persona libre.

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